sábado 17 de octubre de 2009

Mirador


Purchasing to the edge

Queda algo lejano ya el momento en que, aturdido yo, y sudoroso, adquiría un gadget de alta tecnología en unos grandes almacenes franceses rien ne va plus. La belleza negra se llama Intuos4. Aquel día, lo único que diferenció la compra del robo fue que pagué antes de marcharme, pero las urgencias bien podrían haberse confundido con una apresurada y sonriente sustracción de género.

Aquí os dejo, pues, mi primer boceto enteramente digital hecho con medios propios y parido hace cuatro meses en concepto de prueba tabletera.

Puesto que lo decente y urbano es desear un horno de microondas antes que una pen tablet, asumo que mi orden natural de preferencia tecnológica está claramente desnaturalizado y, de hecho, ya estoy pensando en comprarme un gran colisionador de hadrones para templar el refectórium de mi residencia. Es ruidoso pero muy trendy. Y es que uno nunca sabe cómo parar.

sábado 4 de abril de 2009

In China


Oasis

Mi primer boceto enteramente digital -y completamente inacabado- podría haberse titulado «Las geishas también hacen jogging», y fue parido durante los escasos quince minutos en que la tupida retícula temporal del continuum laboral se dejó la puerta abierta. Casi casi un fallo en Matrix, vaya.

sábado 22 de noviembre de 2008

Cuatrocientos setenta y seis días

La transcripción literal del número de días que he pasado apartado de mi mesa de dibujo añade bastante dramatismo al hecho. Es como esas carreteras francesas en que, para indicar el número de muertos en accidentes de tráfico, no se limitan a mostrar un cartel luminoso con el ominoso resumen de las consecuencias de tener el acelerador flojo, sino que, en el borde de la vía, erigen un monigote negro por cada finado en ese lugar exacto. Al cabo de veintitantos maniquíes empiezas a pensar que, efectivamente, te has saltado alguna intersección clave y en realidad conduces directamente hacia Mordor.

Asomando el morro

De las once mil cuatrocientas veinticuatro horas que supone todo este período de inactividad artística privada, algunas de ellas las he dedicado a la estulticia, otras a solaces diversas y unas pocas a maquinar proyectos imposibles. Entre los posibles se encuentra el canto alegórico que os presento hoy, una autobiografía anecdotaria descacharrada en que me transmuto en un bonito lagarto monitor llamado Varano Jabo.

Primera viñeta, pues, de la primera historia de este personaje que nace ante vuestros ojos right now. Si atesoráis paciencia en vuestras reservas personales de virtudes ensalzables, no será el único nacimiento gráfico que veréis en esta vuestra irregular bitácora.

Bad trip

El viajero se debía de haber dormido durante el corto trayecto en metro, pues estaba solo en el vagón y no le sonaba de nada la estación en la que el convoy estaba deteniéndose en ese momento. «Atlántida» rezaba el rótulo, que además ya no lucía el corporativo y serio color gris de la línea en que había comenzado el viaje, sino un vivaz y luminoso color turquesa que alegraba el espíritu. Alrededor, sirenas y peces abisales bailaban grácilmente, como suspendidos en un líquido invisible que no penetraba en el tren a pesar de que las puertas estaban ya abiertas. Inmóvil de sorpresa, el viajero se dejó conducir hasta la siguiente estación, convencido de que aún no había logrado despertarse del todo. «Cotton Club», en festoneadas letras blancas sobre fondo negro, era el inesperado nombre de la siguiente parada, que no aparecía en ninguna de las guías de ruta pegadas en las paredes del tren. El andén se había transformado en un enorme salón de baile iluminado por elegantes lámparas de cristal. Sobre la tarima desgastada, bailarines de todos los colores vestidos al más puro estilo Chicago años veinte, danzaban alegre y enérgicamente siguiendo el ritmo irresistible de una fantástica orquesta de jazz, mientras en la barra se servían mares de whisky ilegal.

Las puertas del vagón se cerraron otra vez mientras el viajero se cubría la cabeza con un periódico gratuito, convencido de ser la única víctima de un ataque terrorista con gases alucinógenos. Le costó un par de minutos atreverse a mirar por la ventanilla al notar que la máquina se detenía de nuevo. Esta vez, todo estaba teñido de una espesa y penumbrosa luz roja. Entre decadentes cortinajes, barroca decoración, muebles suntuosos y bolas de espejos colgadas del techo que esparcían reflejos giratorios por todo el espacio, se movían lentamente ninfas voluptuosas que miraban al viajero con gestos de crudo deseo. Algunas lenguas desorbitadas lamían los cristales del vagón y el aire estaba lleno de gemidos sicalípticos. «Burdel» era el nombre de la estación que ahora abandonaba el sobreestimulado viajero.

Dispuesto a no ser más una pieza pasiva del espejismo en que se hallaba secuestrado, el viajero se catapultó decididamente fuera del vagón en la siguiente estación. En esta ocasión, todo el andén estaba ocupado por una hilera interminable de bellísimas féminas ataviadas con elegantes vestidos cortísimos de escote mucho más que generoso y peinados y sonrisas perfectas que lo miraban amablemente. Casi lloró de emoción cuando la primera de ellas le preguntó «¿Desea una demostración gratuita?». No había acabado de asentir, cuando la mujer le extendió una bandeja colmada de porciones de queso manchego perfecta y simétricamente dispuestas.

sábado 4 de agosto de 2007

Trescientos noventa días

O un año y pico, que es el término técnico que usan en la NASA para designar esa cantidad de tiempo de un modo más preciso. Es un largo lapso para dejar un blog desatendido, y no digamos ya si lo que se olvida uno son unas salchichas en el fuego o los pies dentro de una jofaina con agua y sales. Pero todo en esta vida tiene una explicación, salvo el Triángulo de las Bermudas y el gusto por chupar wasabi. En mi caso, el motivo es que he estado haciendo reformas en mi vida. No me gustaba la decoración, he cambiado las tuberías y ha caído también algún que otro tabique. Ahora no me llamo Priscilla, no he ingresado en la Iglesia Adventista del Tamagotchi Místico, ni soy monitor de paracaidismo para caniches de viudas ricas, pero nada es del todo descartable.

Esta nueva etapa de mi vida transcurre en Barcelona, igual que la próxima película de Woody Allen. Ahora piso baldosines decimonónicos, como mucha butifarra y visto bermudas con camisetas que no hacen juego. No ha sido una mudanza, sino un viaje interplanetario; y aún me dura el mareo por el triple salto mortal. Pero de vez en cuando es bueno descubrir que lo que creías que te gustaba, realmente te gusta de verdad.

Respect

La auténtica patada voladora

Os presento mi aportación para el tema mensual del foro artBox. Se trata de una versión libre (libertina, diría yo) de un personaje creado por esta máquina llamada Oli Josman.

Sigue sin ser el gran dibujo que habría querido hacer pero, últimamente, experimento una impaciencia crónica cada vez que me siento a dibujar, cosa que ocurre muy pocas veces al año. El tiempo libre debería venir envasado en cómodas bolsitas individuales. Tiras del abrefácil y ¡hop!, esta horita sin objetivo concreto sólo la puedes disfrutar tú. En tanto tal invento maravilloso toma forma comercializable, procuraré correr menos y dibujar más. Si permanecen en sintonía quizá podrán comprobarlo personalmente.

Gracias por seguir ahí.

lunes 10 de julio de 2006

Eva Luna

Isabel Allende, chilena de talento inconmesurable, me llenó el alma hasta el borde con este libro de cuentos deliciosos. El calor pegajoso de la selva americana envuelve cada episodio, arrastrando a los personajes hacia el dictamen de sus deseos inmediatos, una exuberancia interior inmarcesible como la naturaleza que los rodea. La escritora dispone hábilmente todos los elementos de cada relato para que confluyan suavemente en el más cruel posible de los finales felices. En ese punto, cuando la vida dentro y fuera del villorrio se gobierna con las mismas leyes, el cuento se vuelve intenso y salvaje, y entre líneas podemos ver de qué están hechas las frágiles murallas de nuestra humanidad.

¿Violencia?... Bueno, si es gratis...

Manual de cómo NO ligar
Nunca pidas una loncha a un desconocido

He seleccionado estos dos dibus correlativos de entre los archivos encontrados por sorpresa en la mudanza como mis favoritos. Sé que un psiquiatra quizás encontraría material en ellos como para dos tesis, pero siempre que los miro, me hacen sonreír. Quizás es que el personaje con igual sección transversal que un jamón serrano me recuerda que el mundo debería ser un lugar más tierno.

Espero que hayáis disfrutado de esta batería de material mohoso. Yo recuerdo habérmelo pasado pipa dibujándolo.

Tomb raider

Ouch! Eso duele...

Arqueología fácil en casa

Las mudanzas están llenas de ventajas y excitement. Para empezar, si se necesitan nuevos muebles, se hace un montón de deporte yendo y viniendo desde Suecia. También se conocen sabores y olores estimulantes, como el polvo rancio, el cartón mojado y, con suerte, la extravagancia "Una cosa que alguien se olvidó debajo de la cama (hace varios años)", por mencionarlo tal como aparecería en la carta de un restaurante francés. Pero lo mejor de todo es encontrarse con retazos de tu propia historia de los que habías perdido su ficha de biblioteca. Felizmente instalado en uno de esos nuevos barrios impersonales, modulares e intercambiables que florecen en todas partes como el abrótano macho en los cardúmenes de la floresta, descubrí algunas sorpresas que os expongo sin orden ni concierto para solaz de las retinas. Me encantó toparme con estas pequeñas piezas, que ya había olvidado, tímidamente agazapadas entre las pistas de un CD que, sospecho, tosté hace más de cuatro años.


Planeta Huevo

Te lo fríes tú si quieres...
Boceto para la primera viñeta de un proyecto de proporciones faraónicas que llegué a creer que terminaría algún día. Quizás lo retome con una perspectiva más realista del tiempo libre y lo titule "Planeta Huevo Director´s Cut (y tan cut)". Será un opúsculo conceptual de tres viñetas y final abierto. El proyecto original pretendía ser una desenfadada saga de aventuras, como demuestra el boceto de abajo.

Los Jeep encogen


Cabezonas samurái

Pitas, pitas...
Kill Bill, Samurai Jack, Mononoke Hime, Fernando Fernán Gómez... El espíritu del guerrero del honor japonés nos inundaba por entonces. Simplemente me dejé llevar por la corriente, mezclando sus peculiaridades con las mías. El resultado: un proyecto mucho más asequible y divertido que todavía no quiero desechar. Estos bocetos sólo son unos screenings previos que hicimos sin atrezzo. En la versión definitiva, las modelos van (un poco más) vestidas.

Buscando olivas
Me encanta el contraste con los espadones que parecen de plástico tombolero.

Cowabungaaa...!
Buscando a Pant
Haciendo un cursillo de matona
Seguro que alguien ve parecidos razonables.


Cabezonas a secas

Te parto un brazo por un dólar
Siguiendo el manual del trepa
En mi línea, solo que esta vez, con ropa.



Ha sido un viaje alucinante a lo más profundo de los archivos tontos de Chanko.

domingo 9 de julio de 2006

Pro Juice

¡Ya no saben qué inventar!, pensé entre bostezos somnolientos la otra mañana, al coger una naranja de la nevera y ver que llevaba una pegatina adherida con instrucciones de uso. La primera exhortación decía "Agitar antes de usar". Completamente estupefacto, decidí encomendarme a las maravillas de la inventiva moderna y me dejé llevar por la imperativa lista que hoy iba a regir el destino del redondo fruto. Tras someter al cítrico a un proceso complejo de inusitada crueldad, abrí la puerta del microondas con ansiosa expectación infantil. Sobre la bandeja del aparato, y especialmente a lo largo y ancho de las paredes de mi antes reluciente pequeño electrodoméstico, una costra gruesa de textura alquitranada se agarraba con ahínco al esmalte de mi desventurado horno. Casi pude oír el lamento de las baldosas de gres cuando aquel engendro renegrido y fétido se descolgó hasta el suelo con estruendo de víscera.

Al reclamar una nueva bolsa de naranjas sin coste por mal funcionamiento del producto, mi frutera ha emitido una risotada triunfal y me ha recordado que debería haber sellado la garantía como me aconsejó.

domingo 30 de abril de 2006

1984

Acabo de terminar la lectura de esta escalofriante novela que, contrariamente a la imagen que tenía de ella, apenas contiene elementos fantásticos, a excepción de ciertos ingenios tecnológicos que ya han sido superados en su mayoría, y el grado de éxito logrado por el régimen brutalmente totalitario a que llega el mundo en esta pesadilla política publicada en 1949. Su precisa descripción de los mecanismos de la desigualdad perpetua parece más vigente cuanto más avanzamos en la historia, pero George Orwell los menciona como una obviedad. Mucho más interesado se muestra en la descripción minuciosa de los dos pilares del poder ilimitado del Gran Hermano: la supresión del pasado y el empobrecimiento deliberado del lenguaje. Al final, cuando toda la compleja estructura de la obra está totalmente terminada, la arroja sobre la mitología del amor, que se hace añicos en la habitación 101.

Cocido maragato

Muy monito...

El garbanzo es una legumbre user friendly, porque, aparte de ser delicioso y aportar fibra y proteínas en abundancia, genera tiempo libre. Su elevado tiempo de cocción es un paréntesis clandestino, un limbo temporal de inapreciable valor que nos permite hacer cosas que la vorágine del quehacer cotidiano nos obligó a postergar injustamente. Este dibujo es producto de esos momentos. Esta vez me apetecía enredar con la tinta china y el agua de grifo. Lo puse todo perdido, pero lo pasé muy bien.

Fame!


Mi minuto de gloria

Carteles anunciantes de eventos municipales. Por su naturaleza local, quedan restringidos únicamente al ámbito capitalino vascongado. Es por eso que los que leéis prensa internacional no los habéis visto a toda página en los tabloides más prestigiosos. Libros, olas... como se ve, hay una deliberada continuidad temática y estilística en el diseño, que corrió a cargo de este talentoso profesional de lo gráfico y amante de la fotografía. Yo sólo me encargué de los garabatos.

A continuación adjunto pruebas documentales pa que veáis que no me lo invento.


Plaza de la Virgen Blanca

No queda claro si es aquí donde Celedón se hizo su famosa casa nueva, como canta la tradición.

Si la gente no lleva sus atuendos y accesorios de playa, es sólo porque el mar pilla a desmano.


Avenida de Gasteiz

Rivalizando en belleza con el Palacio de Justicia.

Obsérvese la arteria principal de la ciudad en su hora punta.


Día del Libro

El tiempo acompañó. Sólo faltó que llovieran ranas.


San Antonio street

Please don´t paparazzi me.


Librería Elkar

Tras años de infructuosa búsqueda, me topé aquí con el tomo de Calvin & Hobbes que me faltaba. Me lo dieron a cambio de dinero. El ciclo se cerraba con otro triunfo del completismo.


La Casa del Libro

Mamá libro, papá libro, el abuelo incunable y los cuadernitos en blanco viven aquí.



Y así acaba mi primera incursión en el mundo de la ilustración.